Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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viernes, 24 de octubre de 2008

LA CHINA DESCONCERTANTE

Desde la noche de los tiempos, como solían contar nuestros abuelos, China ha sido un misterio y un enigma para el hombre occidental. Desde ese lenguaje enrevesado e ininteligible, hecho de garabatos y extraños fonemas, hasta su misma forma de ser, vivir y existir.
He vuelto a recorrer China y lo estoy haciendo después de los Juegos Olímpicos. Me interesaba más el conocer la China del día después. La de la resaca. Es más real. Y me estoy encontrando con dos Chinas. La triunfal, que se siente orgullosa de sus Juegos, los de Un Mundo, un Sueño. Para ello se construyeron un aeropuerto nuevo, que es la envidia de muchas administraciones occidentales. Ahora está vacío. Conectaron con tren algunas de las ciudades donde se llevaron a cabo varios eventos. La estación y los trenes, de última tecnología. Semivacías las estaciones, demasiado caros los flamantes trenes ultrarrápidos. Se construyeron nuevas estructuras en las ciudades que albergaron eventos olímpicos. Ahora todo ello, desde el Nido del Pájaro a muchos gimnasios, piscinas y estadios, vacíos. Gorras, recuerdos regalados, posters por todas partes de algo que pasó. China tuvo sus cinco minutos de fama. Un Mundo, un Sueño fue su lema

Pero también me he vuelto a encontrar con la otra China. La profunda. Aquella que no vive en Beijing. Que anda en bicicleta. Que se ríe con una sonrisa sincera y alegre de los occidentales con sus narices largas y su espesa barba. Que sigue cultivando los valores familiares. Que sueña con un futuro mejor. Que no abandona las enseñanzas de Confucio y Buda. Esa otra China para la cual el anciano ocupa un lugar importante en la familia. La China para la cual la naturaleza es algo vivo que hay que respetar, que es capaz de cuidar, mantener y mimar árboles con más de mil años. Una comunidad para la cual los niños son su principal tesoro. Una comunidad que comparte los ratos de ocio y asueto entre todos los amigos del barrio. En Beijing existe un parque, el que circunda el Templo del Cielo, donde el jubilado, el desempleado, el forastero va a compartir. Ciertos pasillos son un galimatías. Unos tocando la flauta. Los de más allá hilvanando lana junto a los jugadores de dómino.

La otra China ya no tiene miedo de hablar de Mao y su fracaso. Con desdén se refiere a los Guardias Rojos y a la Revolución Cultural. Empieza a reconocer que la Plaza de Tiananmen fue escenario de un encuentro entre estudiantes y tanques, saldado con sangre, represión y lágrimas.

La otra China sigue sonriendo a las personas cuando hablas con ella, llena de respeto y educación. Sigue respetando y sintiéndose orgullosa de sus raíces, su historia, su cultura. Sonríe. Ama. Vive.

La otra China llena los templos de cualquier religión. Han desenterrado su espíritu religioso y no tienen reparo en manifestarlo. Según datos de expertos, China es el país donde más está creciendo el cristianismo, llegándose a contabilizar un promedio de trescientos millones de cristianos de todas las denominaciones.

De China compramos mercancías de todo tipo a precio de saldo. Sería tiempo que compráramos su estilo de vida, respeto y esperanza. El dragón dormido está despertando y trayéndonos sorpresas.
Beijing, 2008

jueves, 16 de agosto de 2007

La Moda China



Volvemos a tener a China de moda. La penúltima noticia – la última sale en cualquier momento- es la retirada del mercado de unos cuantos millones de juguetes. Esta noticia se une a la de los neumáticos defectuosos, las pastas de dientes envenenadas y las medicinas sin mucha garantía. Los chinos se han vengado negando la entrada en su mercado de las sopas y galletas de una multinacional norteamericana. En Occidente argumentamos la mala calidad de los productos. En China, la ruptura de la cadena alimenticia tradicional que está llevando a la población a unos hábitos y niveles de salud intolerables. La próxima no sabemos cuál será, pero va a ser grande. Hasta el próximo verano en que seremos espectadores de los Juegos Olímpicos de Pekín, China va a estar de moda.
Estamos asistiendo un poco al enfrentamiento entre la visión del mundo de China y la visión del mundo del resto de la Humanidad. Esta batalla no es nueva. China ha sido en oriente lo que la antigua Grecia lo fue para Occidente. El concepto de ser chino no está basado en la raza, sino en el concepto cultural. Hablar y comportarse como chino, aceptar su sistema de valores culturales, es ser chino. En la antigua China tan sólo los hombres cultos podían ocupar puestos de mando. Autoridad y cultura iban juntas.

En China la naturaleza se respeta al máximo. Los jardines se hacen a imitación de la naturaleza: con cuevas, fuentes, lagos, árboles, peces. No tiene sentido un jardín con formas geométricas, que violentan la naturaleza
En su historia milenaria los contactos con Occidente han sido esporádicos y basados casi exclusivamente en lo comercial. El miedo a lo extranjero, la xenofobia, cerró siempre las puertas del Imperio. China ha sido consciente de ser una avanzadilla cultural, y se ha sentido autosuficiente
Para el chino la religión consiste en la búsqueda personal de la armonía consigo mismo y con la naturaleza. No se necesitan dogmas. Es un contrasentido. En religión hay maestros, no autoridades y la persona es una gota, junto a otras, en el océano de la vida, del mundo.
El conocimiento a nivel popular de China llegó a Europa a través del veneciano Marco Polo. Los tallarines, espaguetis y los fuegos artificiales encandilaron a los habitantes de la península itálica y de ahí al mundo entero.
El P. Mateo Ricci, jesuita italiano, se hizo chino entre los chinos. Intentó una adaptación de la liturgia a la cultura china, ya en el siglo XVI. Como hombre culto, fue admirado y aceptado por el Emperador, a quien hizo ver ya entonces que China no es el centro del mundo. Sólo así pudo hablar del Evangelio. Su figura es siempre respetada.


Ricci mostró la mejor, y quizás la única, manera de llegar a un pueblo y respetarlo: conocer su cultura, sus creencias, su forma de ser, su historia, sus luces y sombras para, entonces, convivir con él y poder caminar juntos. Imponer culturas y formas de vida nunca ha funcionado. Creo que es el Talmud de Babilonia el que expresa que, para conocer a una persona, hay que caminar una milla dentro de sus zapatillas.
En nuestro mundo globalizado, China va a estar de moda al menos hasta final del próximo verano. Aprendamos de Marco Polo y de Mateo Ricci