Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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domingo, 7 de noviembre de 2010

BENEDICTO XVI, ENTRE EL PODER Y LA GLORIA

Noviembre 3, 2010
            Una de las cosas más fascinantes que existen cuando se vive o se visita la ciudad de Roma es conocer  la gran cantidad de leyendas, dichos, personajes, presentes en su historia y en sus calles. A veces da la sensación que en cualquier esquina o plazoleta nos vamos a encontrar una patrulla de soldados saliendo de las tabernas, o unos peregrinos harapientos y malolientes.
O una pareja de enamorados abrazados en un oscuro rincón. Leyendas.   Personajes. Historias. Recuerdo de una que me contaron cuyo protagonista era un español  residente en Roma. Se llamaba  Lorenzo, un poderoso personaje dentro de la emergente comunidad cristiana en la Capital del Mundo. En una de las persecuciones desatadas por las autoridades civiles para acabar con aquellos harapientos, esclavos, emigrantes, gente del vulgo, que practicaban una extraña religión nacida en una de las provincias marginales del Imperio, fue llamado para ser interrogado. Era conocido como el administrador de los bienes de esos marginados.
Fue conminado a que entregara las riquezas de la Iglesia, su pena de ser confiscadas. Al día siguiente Lorenzo se presentó con todos los enfermos, cojos, mancos, leprosos, viejos, viudas, huérfanos, desahuciados de la ciudad de Roma que pudo encontrar. Preguntado qué significaba aquello respondió sereno y tranquilo que eso era lo que conformaba la riqueza de la Iglesia. Fue ajusticiado quemándolo  vivo en una parrilla.
            En el verano  de 1945, tras culminar la derrota de la Alemania nazi, se reunieron en Postdam, los representantes de las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, Atlee, primer ministro inglés, Truman, presidente de Estados Unidos, Stalin, primera autoridad soviética. Iban a concretar la suerte de la derrotada Alemania.  A lo largo de las conversaciones Stalin quiso saber con cuantas divisiones militares contaba el Estado del Vaticano. Hubo algunos estrategas que tomaron esta pregunta como signo de ignorancia por parte del ruso. Sin embargo,  otros se dedicaron a elaborar  la lista de las divisiones del Vaticano. No se pudieron poner de acuerdo al cuantificarlas. Eran demasiado pocos. Religiosas atendiendo asilos de ancianos abandonados, enfermos en hospitales, niños en escuelas, leprosos desahuciados. Sacerdotes aliviando almas y acompañando en las alegrías y las penas, las tristezas y las esperanzas de sus comunidades. Obispos ejerciendo su misión de maestros  en zonas abandonadas de la Tierra… El total escasamente llegaría  a dos millones de personas en todo el mundo.
            A comienzos del siglo XXI ya no se cuestiona cuáles son las riquezas ni la cantidad de las divisiones de la Iglesia. Se cuestiona su liderazgo. En días recientes una de las revistas de difusión global, Forbes,  ha seleccionado quiénes son, ente los 6,800 millones de habitantes del planeta, las 68 personalidades más influyentes.
En el primer lugar está el presidente chino, Hu Jintao.  Barack Obama, ocupa  el  segundo puesto. La tercera posición lo es para   el monarca multimillonario Abdallah de Arabia Saudita. El primer ministro ruso, Vladimir Putin, se sitúa en el cuarto lugar y   Benedicto XVI en el quinto lugar. En la sociedad global en que vivimos detrás del poder económico y político se destaca el poder moral. Benedicto XVI sigue manejando los mismos “capitales” de Lorenzo, comandando las mismas divisiones de las cuales preguntaba Stalin. Su poder político y económico es testimonial. Su poder moral  e influencia espiritual no tiene medida.

jueves, 5 de agosto de 2010

NUNCA MÁS

Agosto 8, 2010

Aún recuerdo de mis años de adolescente cuando el Papa Pablo VI vino a las Naciones Unidas. Era la primera vez que una autoridad religiosa de esa categoría se dirigía a la Asamblea General reunida en pleno. Era la Plaza Pública del Mundo. Y desde allí gritó varias veces “Nunca más la Guerra, nunca más la Guerra” 
Traigo a la memoria esta anécdota por varias razones. Al fin y al cabo las guerras no son otra cosa que el fracaso del hombre en su capacidad de diálogo y entendimiento. En estos días se oye y discute en los diversos medios de comunicación los deseos de Irán de construir su propia industria nuclear con fines exclusivamente pacíficos. La razón no sería otra que la necesidad de energía barata y diversificada. Difícil de entender cuando el país es uno de los principales productores de petróleo. El temor no infundado es que esa fuente de energía se convierta en un arma letal. Y si eso ocurriera no es descabellado pensar que tengamos un nuevo Hiroshima y Nagasaki.
En estos días se cumplen 65 años precisamente del fracaso humano más grande de la Segunda Guerra Mundial. Entre el 6 y el 9 de Agosto de 1945 fueron lanzadas sobre Japón las dos primeras bombas atómicas. 140.000 personas fallecieron en Hiroshima y 74.000 en Nagasaki por esos ataques, aunque las víctimas a causa de las radiaciones en los años posteriores fueron muchas más

En Japón quedan cerca de 235.000 “hibakusha” (supervivientes de la bomba atómica). Tienen una media de edad de 75 años y muchos arrastran enfermedades por las radiaciones recibidas cuando eran niños a causa de la explosión nuclear.

Un buen número de ellos han dedicado su vida a luchar para que la masacre no caiga en el olvido con conferencias, entrevistas y giras por el mundo con el fin de difundir, como símbolos vivos de la tragedia, su elocuente mensaje contra las armas nucleares.
Pero los "hibakusha" son cada vez menos y con ellos se extinguen los relatos sobre lo ocurrido el 6 de agosto en Hiroshima y el 9 en Nagasaki, cuando dos bombas atómicas arrasaron ambas ciudades y acabaron con la vida de decenas de miles de personas.

No quieren que sus trágicas historias se olviden. Han creado el llamado "Archivo de Nagasaki", una iniciativa digital que ofrece un mapa en 3D de la ciudad con fotos de los supervivientes en los lugares donde les sorprendió el ataque y sus testimonios. Pretenden "guardar la trágica experiencia del pasado y convertirla en datos digitales accesibles para las futuras generaciones", dicen los responsables del proyecto. "La atención de los medios de comunicación y los educadores y la oportunidad de tratar el tema de la bomba atómica está disminuyendo gradualmente, y la memoria comienza a borrarse", advierten El objetivo es mantener vivos estos recuerdos para las generaciones futuras. Porque, como asegura el lema del Museo de Hiroshima: "Si nadie habla, nada cambia"

Pablo VI nos gritó nunca más la guerra. El pueblo judío construyó Yad Vashen para que nunca se olvide la masacre de millones de judíos asesinados entre 1936 y 1945. Los “'hibakusha” han construido el “Archivo de Nagasaki” y el “Memorial de la Paz de Hiroshima” ¿Necesitaremos un Memorial para los muertos causados por la energía nuclear iraní?

Tertuliasiglo21@aol.com