Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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miércoles, 18 de junio de 2008

EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

“Del mundo, el gran teatro" es el título de una composición literaria de Calderón de la Barca. Nunca pensó este austero sacerdote que, casi cinco siglos después, el mundo se habría de convertir en eso, en un Gran Teatro.
Hace unos años cuando hablábamos de guerra enseguida nos venía a nuestra mente las junglas de Viet Nam, las estepas coreanas, las batallas de tanques en el desierto, las películas bélicas que los canales de tv nos presentaban alrededor del Día de Recordación y del Día de Veteranos. Sabíamos dónde estaba el enemigo y hacia donde iba.
De repente, empezamos a oír la palabra terrorismo y la guerra contra el terrorismo. El enemigo no era exótico, extraño, lejano. Estaba dentro de nuestra casa. Después de un martes tranquilo del mes de septiembre de 2001 todo cambió. Ya nuestros vecinos con una piel menos clara que la nuestra empezaron a ser sospechosos. Se empezó a mirar con recelo al del turbante, al de las barbas largas, al que comía sazonando con curry, a las mujeres con los velos recatados y las largas faldas negras, a los que se arrodillaban sin reparo alguno en ciertos momentos del día en cualquier lugar para rezar, al que leía ciertos libros, escuchaba cierta música o compraba periódicos en lengua no inglesa.
De repente para volar teníamos que quitarnos los zapatos, dejar los líquidos en casa, llegar con tres horas de adelanto a los aeropuertos, soportar a funcionarios semi analfabetos con miradas intimidatorias.
Empezamos a montar con recelo y miedo en autobuses y trenes. Uno no sabía qué clase de persona se sentaba a nuestro lado. Pasamos de vivir pacíficos, tranquilos, despreocupados, a una histeria colectiva. De un no importarnos nada a un sentimiento de Gran Ojo Vigilante.
La naturaleza se nos puso también patas arriba. Antes teníamos temporadas de huracanes de mayor o menor intensidad, tornados que arrasaban grandes planicies, inviernos alternativos entre intensos fríos y moderados climas. Tan sólo la corriente del Niño o la contracorriente de La Niña nos alteraban. Ahora todo se resume en una palabra mágica y de la cual casi nadie sabe de qué está hablando. Es el Cambio Climático. Katrina con su destrucción, las sequías africanas, las inundaciones, no son otra cosa que obra de la naturaleza que sigue sus ritmos naturales y que la hemos violado y violentado
De repente muchos de nuestros jóvenes se han despertado con una terrible pesadilla. Se habían alistado en la Guardia Nacional para poder tener acceso a la universidad a la cual de otra manera no podrían asistir. El saber estaba vetado para los ciudadanos de escasos recursos. Cualquiera de las ramas de las fuerzas armadas podía ser un atajo para llegar a la titulación universitaria y a un futuro mejor.
Las oficinas de reclutamiento solían llenar sus cupos con holgura. Iban a ser una especie de boyscouts con pantalones largos.
De repente, esos jóvenes movilizados empezaron a volver en bolsas negras de cadáveres.
Fueron depositados en hospitales llenos de cucarachas, con las paredes rezumando humedad. Sus sueños de futuro se frustraron. Y detrás de cada uno de estos muchachos hay una familia que no sabe por qué les ha tocado representar el papel de desgraciados en el espectáculo del Gran Teatro del Mundo.
Pero da igual, es el Gran Teatro del Mundo.
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