Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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jueves, 9 de octubre de 2008

¿Y AHORA QUE?

La prensa de cada día nos regala una nueva lista de bancos en quiebra, ejecutivos inescrupulosos, empresas que cierran sus puertas, gurús que vaticinan calamidades, analistas políticos que hablan de catástrofes apocalípticas, reverendos anunciando el final de los tiempos y, a la vez, de sus jugosas ganancias. Y ante tanta desinformación y caos pocas veces nos preguntamos cómo y por qué comenzó todo este “tsunami” económico.
Habría que echar una larga mirada al pasado siglo XX. Cabría aquí recordar aquello de "aquellos polvos, estos lodos" Todo el siglo estuvo marcado por grandes ideologías y sistemas político-económicos. Desde el comunismo hasta el capitalismo pasando por el nazismo, el fascismo, el nacionalsocialismo y el nacionalsindicalismo, sin excluir los nacionalismos y los movimientos independentistas, colonialistas, militaristas y pacifistas. Todo comenzó a resquebrajarse a partir de la década de los setenta. Concluyó la Guerra de Viet Nam, con la derrota y humillación de la maquinaria militar americana. Se resquebrajó el Muro de Berlín, arrastrando tras de él a la Unión Soviética. Se desmembró todo el entramado de la Guerra Fría dando paso al nacimiento de nuevos países, de nuevas oportunidades, de nuevas formas de vivir y existir. Entre dos formas de vivir: el comunismo y el capitalismo venció este último.
El desmantelamiento de estos sistemas político-económicos se pudo llevar a cabo gracias al liderazgo de ciertas personas que, en las dos últimas décadas del siglo XX dirigieron la Humanidad. Mijail Gorvachov y Boris Yelsin por el lado ruso y Margareth Tatcher, Ronald Reagan y Karol Woijtila por el lado occidental, dirigieron los cambios de una humanidad que cada día estaba más unificada, sensibilizada y globalizada. Las nuevas tecnologías, la energía barata, los mercados emergentes, llevaron a una utopía y a un modelo único: el capitalismo rampante y salvaje.
No duró mucho ese modelo de sociedad nacido con la caída del Muro y de la Unión Soviética. El 11 de septiembre de 2001 la sociedad humana entró en una nueva etapa. Los símbolos del poder económico-las Torres Gemelas- y del poder militar- el Pentágono- fueron salvajemente destruidos. La Globalización se convirtió en una lucha salvaje por la supervivencia de un modelo de vida, de economía, de ser y estar en el mundo que estaba preparado para unos pocos. Se derrumbó. Empezó en el 2001, continuó con la burbuja de internet y con la bajada del precio del dinero del 6.5% al 1%. Ha concluido con la quiebra de los grandes bancos y las grandes firmas de Wall Street debido a cálculos erróneos, avaricias descontroladas, ejecutivos inescrupulosos.
En las últimas décadas del siglo XX se contaba con unos líderes políticos, religiosos, culturales que pudieron dirigir a la Humanidad. Pero ahora, ¿con quién contamos? En los Estados Unidos nos preparamos a elegir esos líderes que puedan ilusionar y dirigir no sólo a su país sino a la Humanidad entera. Tenemos cuatro candidatos: un hijo de emigrante africano que se ha olvidado de que es producto de una emigración; un viejo zorro de la política de Washington experto en asuntos internacionales; un viejo soldado reciclado en político que aún mantiene las secuelas de su cautiverio en Viet Nam en su cuerpo y la herencia militarista de su familia en su conciencia. Una joven y oscura periodista de deportes en una canal de televisión aspirante a miss Alaska. Entre estos cuatro debemos elegir quien nos lleve al futuro. Tan solo puedo añadir aquello de "que Dios nos coja confesaos….."
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