
Esta semana está centrada en cuatro días: Domingo, Jueves, Viernes y Sábado Santo.

Domingo de Ramos: El primer testimonio escrito que poseemos de la celebración de la entrada de Cristo en la ciudad de Jerusalén, es la crónica elaborada por Egeria, peregrina hispana del siglo IV, la cual afirma que en tal día, la comunidad cristiana de la ciudad, presidida por su pastor, se dispone a recorrer una serie de iglesias y lugares de oración llamados estaciones. Va a ser a partir del siglo VII que empiezan a utilizarse ramos de olivo y de palma para acompañar esta procesión.


El jueves santo al anochecer se reúne la Comunidad para celebrar la llamada "Cena del Señor", momento en que se conmemora la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio Cristiano. Los primeros recuerdos históricos, fuera de los evangelios canónicos, de esta celebración lo ubican a finales del siglo IV y comienzos del V, cuando la fe cristiana empieza a ser primero tolerada y, después, legalizada en el Imperio Romano.

Viernes Santo. La Iglesia no considera este día como de llanto y de luto, sino como día de contemplación del sacrificio sangriento de Jesús. Este es, sin lugar a dudas, el día sagrado más enraizado en la cultura y en la mentalidad hispana.
El sábado Santo fue, desde el siglo II, dedicado fundamentalmente al ayuno, como preparación al gran acontecimiento de la Resurrección. Todos son recuerdos y añoranzas. Este día sin misa y sin adornos en la Iglesia nos llevan a la celebración de la Vigilia Pascual.

Con estas celebraciones culmina la Semana Santa, la Semana Mayor de la fe cristiana
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