Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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viernes, 8 de enero de 2010

¿FELICES QUÉ?

Dic. 27-2009
Fue un judío que vivió en una provincia marginal del Imperio Romano hacia el año 750 de la fundación de Roma. Vivió una vida sencilla como cualquier ciudadano de un pequeño país sometido a un Imperio. Muy poco sabemos a ciencia cierta de los primeros años de su existencia.
A partir de los treinta años comienza a predicar una doctrina sobre el Reino de los Cielos. Pretendió dos cosas, decirnos quién y cómo era Dios e invitó a vivir de una forma distinta en el mundo. Tres años anduvo recorriendo los polvorientos caminos de su Galilea natal. Al menos en tres ocasiones subió a la capital religiosa de la zona, Jerusalén. Enfrentamientos con las autoridades religiosas le llevaron al patíbulo.
Aquellos que le siguieron durante tres años, un heterogéneo grupo formado por pequeños empresarios, empleados del fisco, místicos seguidores del Bautista, mujeres adineradas y despreciadas, después de un cierto período de asimilación, se dedicaron a expandir su doctrina, su forma de ver la vida y la religión, su mensaje.
Al cabo de varios años uno de los primeros seguidores elabora una presentación de su mensaje dividido en varias secciones o capítulos Uno de ellos nos habla de su nacimiento. Nunca nos dijo cuando se llevó a cabo el mismo. El lugar, aunque lo cita explícitamente, sin embargo hay dudas sobre ello. Nos habló de su padre ficticio, de un rey molesto por su existencia, dispuesto a acabar con él, ya que no admitía competencias.
Varios sabios que pretenden adorarlo, una matanza, una huida, una vuelta a Galilea. Pero la fecha, ni palabra.
Otro de los miembros de la segunda generación de sus seguidores vuelve a incidir en su esquema de exposición doctrinal. También le dedica dos capítulos de su presentación para hablarnos sobre los orígenes de este judío marginal. Presenta varios personajes no presentes en el primer relato. Le dan gran importancia a personas hasta cierto punto marcadas: Ana, Isabel, la misma María, Simeón, los pastores. Ubica en el tiempo y en la historia dicho nacimiento. Y poco más.
Cuando sus seguidores se afincaron en la capital del Imperio, y después de no pocas vicisitudes y persecuciones, empezaron a recordar y celebrar eventos y recuerdos de su fundador, decidieron poner fecha y lugar al nacimiento. Establecen a partir del año 211 que el nacimiento de Cristo se llevó a cabo el 25 de diciembre. Posteriormente el Emperador Aurelio en el año 274 fija la fecha del nacimiento del Sol Invictus el 25 de diciembre.
Desde entonces, según se ha ido encarnando la fe en diversas culturas, se han ido añadiendo elementos para recordar el nacimiento de un judío marginal al que conocemos como Jesús de Nazaret.
Cuando los pueblos germánicos son evangelizados, se incluye el árbol de hoja perenne para recordarnos tal natalicio.
Al no poder peregrinar a los Santos Lugares, a Francisco de Asís se le ocurre recrear tal nacimiento en figuras, primero naturales y posteriormente miniaturas de cerámica y barro.
Al no poder enviar saludos a todos los amigos por las fechas del natalicio del Jesús, alguien tuvo la feliz idea de enviar una misma carta a cientos de amigos. Desde entonces los correos se saturan con tanta tarjeta navideña que no sirve para nada.
Un viejo obispo recordado por su caridad y generosidad vino a Nueva Ámsterdam para seguir en el recuerdo de holandeses y germanos. Pronto lo asociaron con entrega de regalos. Y la integración con el recuerdo del nacimiento de Jesús fue fácil. Lo vistieron de lata de refrescos, lo engordaron y le llenaron de regalos que había que comprar para que fueran regalados. Y fue un reclamo más para recordar y anunciar el nacimiento de Cristo, su mensaje y su cercanía al ser humano.
Arboles, nacimientos, tarjetas, hombres en forma grotesca y ridícula vestidos de lata de refrescos, compras y más compras, comidas, viajes, todo eso ha hecho que ya no se hable de la razón verdadera de este tiempo. Hemos enterrado la navidad. Deseamos felices fiestas. ¿Pero fiestas de qué? ¿Del Dios que aparece en los billetes de dólar? ¿Fiestas en un mundo insolidario? ¿Felices qué?
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