Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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miércoles, 23 de mayo de 2012

ENTRE LA IGNORANCIA Y LA ESTUPIDEZ

Columna de Mayo 20, 2012
El 24 de enero de 1998 Juan Pablo II estuvo en Santiago de Cuba. Lo recibió no tan solo el Arzobispo de aquella gran arquidiócesis, el recién fallecido Mons. Meurice, sino también el pueblo cubano entero.
El Sr Arzobispo en su discurso tantas veces mencionado, y pocas veces leído y reflexionado en tu totalidad, afirmaba “Le presento además a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido; la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología.
Son cubanos que, al rechazar todo de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí de Cuba” Le faltó tiempo a ciertos sectores de la población cubana para señalar con el dedo al régimen que gobierna la Isla por los últimos 54 años.
Habría que glosar afirmando que muchos han confundido Patria con Exilio, Nación con Estados Unidos, Cultura con materialismo, pobreza mental, ignorancia y mala fe.
No se han dado cuenta aún, sea por su estupidez o su ignorancia, que viven un desarraigo y un complejo de mujer de Lot terribles. Viven mirando hacia atrás y convirtiéndose en estatuas de sal, faltas de vida y de ilusiones.
La Iglesia Católica en Cuba ha caminado y vivido un largo desierto y un largo desprecio. Dentro de Cuba, como acertadamente afirmara el Cardenal Jaime Ortega y Alamino en Conferencia recientemente dictada en la Universidad de Harvard. Pero también, y eso es realmente desconcertante, fuera de la Isla. Se ha tratado de ignorar, manipular e insultar la única institución que ha sabido permanecer en Cuba y ha dado el frente y la cara por multitud de cubanos sin importar el partido, la clase social o el status. El Arzobispo de La Habana, el Cardenal Jaime Ortega, ha sido, después del Obispo Díaz de Espada, el prelado que más tiempo ha dirigido la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana. Al igual que Diaz de Espada ha tenido que ser testigo y protagonista de momentos importantes en la definición de la identidad cubana. Ha sido objeto de una campaña de desprecio e insulto por parte de los elementos más intransigentes de ciertos sectores de la población cubana. Han visto en el Arzobispo alguien a quien insultar, y lo hacen porque saben que no se va a defender ni a poner las famosas demandas por difamación. Lo hacen porque las actuaciones de la Iglesia en Cuba en favor de ancianos, jóvenes y necesitados les están abofeteando y cuestionando. Lo hacen porque, en el fondo, es un dedo acusador que les señala silenciosamente. Se quedó en Cuba cuando pudo haber dejado la Isla hace muchos años para prosperar, para medrar y para convertirse en uno más de los que añoran una patria que no existe, una isla que dejaron, una lucha por la libertad que no dieron desde dentro, un pueblo que ha sabido sobrevivir a pesar de los pesares.
Dejaron un pueblo que sabe reír en la adversidad. Que sabe sufrir y, a la vez, sabe compartir. Se pudo ir pero prefirió construir un mundo mejor del que recibió en su suelo patrio. Su modelo de patriota lo fue, y sigue siéndolo, el Venerable P. Félix Varela. Mientras a Varela lo vilipendiaron y rechazaron las autoridades españolas, a Jaime Ortega lo están insultando ciertos sectores de la comunidad cubana.
El gobierno de Jaime Ortega y Alamino tiene sus sombras, no hay que dudarlo. Si no las tuviera no podríamos ver con objetividad y serenidad su obra. Todo blanco o todo negro no dan imagen. En su período como Arzobispo de San Cristóbal de La Habana ha habido luces y sombras. Que cada uno las identifique.
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