Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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jueves, 9 de julio de 2015

Palabras del Papa Francisco

Palabras del Papa:
Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra tener este encuentro con ustedes, para compartir la alegría que llena el corazón y la vida entera de los discípulos misioneros de Jesús.
 Así lo han manifestado las palabras de saludo de Mons. Roberto Bordi, y los testimonios del Padre Miguel, de la hermana Gabriela, y del seminarista Damián. Muchas gracias por compartir la propia experiencia vocacional.
En el relato del Evangelio de Marcos hemos escuchado también la experiencia de Bartimeo, que se unió al grupo de los seguidores de Jesús. Fue un discípulo de última hora. Era el último viaje del Señor de Jericó a Jerusalén, adonde iba a ser entregado. Ciego y mendigo, Bartimeo estaba al borde del camino, marginado, y cuando se enteró del paso de Jesús, comenzó a gritar.
En torno a Jesús iban los apóstoles, los discípulos, las mujeres que lo seguían habitualmente, con quienes recorrió durante su vida los caminos de Palestina para anunciar el Reino de Dios. Y una gran muchedumbre.
Dos realidades aparecen con fuerza, se nos imponen. Por un lado, el grito de un mendigo y por otro, las distintas reacciones de los discípulos. Parece como que el evangelista nos quisiera mostrar, cuál es el tipo de eco que encuentra el grito de Bartimeo en la vida de la gente y de los seguidores de Jesús. Cómo reaccionan frente al dolor de aquél que está al borde del camino, de aquél que está sentado sobre su dolor.
Tres son las respuestas frente a los gritos del ciego. Podríamos decirlo con las palabras del propio Evangelio: Pasar, Cállate, Ánimo, levántate.


1. Pasar, pasar de largo y algunos quizás porque no escucharon. Pasar es el eco de la indiferencia, de pasar al lado de los problemas y que éstos no nos toquen. No los escuchamos, no los reconocemos. Es la tentación de naturalizar el dolor, de acostumbrarse a la injusticia. Nos decimos: es normal, siempre ha sido así. Es el eco que nace en un corazón blindado, cerrado, que ha perdido la capacidad de asombro y por lo tanto, la posibilidad de cambio. Se trata de un corazón, que se ha acostumbrado a pasar sin dejarse tocar; una existencia que, pasando de aquí para allá, no logra enraizarse en la vida de su pueblo.
Podríamos llamarlo, la espiritualidad del zapping. Pasa y pasa, pero nada queda. Son quienes van atrás de la última novedad, del último best seller pero no logran tener contacto, relacionarse, involucrarse.
Ustedes me podrán decir: «Padre, pero estaban atentos a las palabras del Maestro. Lo estaban escuchando a él». Creo que eso es de lo más desafiante de la espiritualidad cristiana. Como el evangelista Juan nos lo recuerda, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? (1 Jn 4, 20b). Dividir esta unidad es una de las grandes tentaciones que nos acompañarán a lo largo de todo el camino. Y tenemos que ser conscientes de esto. De la misma forma que escuchamos a nuestro Padre es como escuchamos al Pueblo fiel de Dios.
Pasar sin escuchar el dolor de nuestra gente, sin enraizarnos en sus vidas, en su tierra, es como escuchar la Palabra de Dios sin dejar que eche raíces en nuestro interior y sea fecunda. Una planta, una historia sin raíces, es una vida seca.

2. Cállate, es la segunda actitud frente al grito de Bartimeo. Cállate, no molestes, no disturbes. A diferencia de la actitud anterior, esta escucha reconoce, toma contacto con el grito del otro. Sabe que está y reacciona de una forma muy simple, reprendiendo. Es la actitud de quienes frente al pueblo de Dios, lo están continuamente reprendiendo, rezongando, mandándolo callar.
Es el drama de la conciencia aislada, de aquellos que piensan que la vida de Jesús es solo para los que se creen aptos. Parecería lícito que encuentren espacio solamente los «autorizados», una «casta de diferentes» que poco a poco se separa, diferenciándose de su pueblo. Han hecho de la identidad una cuestión de superioridad.
Escuchan pero no oyen, ven pero no miran. La necesidad de diferenciarse les ha bloqueado el corazón. La necesidad de decirse: no soy como él, como ellos, los ha apartado no sólo del grito de
su gente, ni de su llanto, sino especialmente de los motivos de alegría. Reír con los que ríen, llorar con los que lloran, he ahí, parte del misterio del corazón sacerdotal.

3. Ánimo, levántate. Y por último nos encontramos con el tercer eco. Un eco que no nace directamente del grito de Bartimeo, sino de mirar cómo Jesús actuó ante el clamor del ciego mendicante.
Es un grito que se transforma en Palabra, en invitación, en cambio, en propuesta de novedad frente a nuestras formas de reaccionar ante el Santo Pueblo de Dios.
A diferencia de los otros, que pasaban, el Evangelio dice que Jesús se detuvo y preguntó qué estaba sucediendo. Se detiene frente al clamor de una persona. Sale del anonimato de la muchedumbre para identificarlo y de esta forma se compromete con él. Se enraíza en su vida. Y lejos de mandarlo callar, le pregunta: ¿Qué puedo hacer por vos? No necesita diferenciarse, separarse, no lo clasifica si está autorizado o no para hablar. Tan solo le pregunta, lo identifica queriendo ser parte de la vida de ese hombre, queriendo asumir su misma suerte. Así le restituye paulatinamente la dignidad que tenía perdida, lo incluye. Lejos de verlo desde fuera, se anima a identificarse con los problemas y así manifestar la fuerza transformadora de la misericordia. No existe una compasión que no se detenga, escuche y solidarice con el otro. La compasión no es zapping, no es silenciar el dolor, por el contrario, es la lógica propia del amor. Es la lógica que no se centra en el miedo sino en la libertad que nace de amar y pone el bien del otro por sobre todas las cosas. Es la lógica que nace de no tener miedo de acercarse al dolor de nuestra gente. Aunque muchas veces no sea más que para estar a su lado y hacer de ese momento una oportunidad de oración.


Esta es la lógica del discipulado, esto es lo que hace el Espíritu Santo con nosotros y en nosotros. De esto somos testigos. Un día Jesús nos vio al borde del camino, sentados sobre nuestros dolores, sobre nuestras miserias. No acalló nuestros gritos, por el contrario se detuvo, se acercó y nos preguntó qué podía hacer por nosotros. Y gracias a tantos testigos, que nos dijeron: «ánimo, levántate», paulatinamente fuimos tocando ese amor misericordioso, ese amor transformador, que nos permitió ver la luz. No somos testigos de una ideología, de una receta, de una manera de hacer teología. Somos testigos del amor sanador y misericordioso de Jesús. Somos testigos de su actuar en la vida de nuestras comunidades.
Esta es la pedagogía del Maestro, esta es la pedagogía de Dios con su Pueblo. Pasar de la indiferencia del zapping al «ánimo, levántate, el Maestro te llama» (Mc 10,49). No porque seamos especiales, no porque seamos mejores, no porque seamos funcionarios de Dios, sino tan solo porque somos testigos agradecidos de la misericordia que nos transforma.
No estamos solos en este camino. Nos ayudamos con el ejemplo y la oración los unos a los otros. Tenemos a nuestro alrededor una nube de testigos (cf. Hb 12,1). Recordemos a la beata Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, que dedicó su vida al anuncio del Reino de Dios en la atención a los ancianos, con la «olla del pobre» para quienes no tenían qué comer, abriendo asilos para niños huérfanos, hospitales para heridos de la guerra, e incluso creando un sindicato femenino para la promoción de la mujer. Recordemos también a la venerable Virginia Blanco Tardío, entregada totalmente a la evangelización y al cuidado de las personas pobres y enfermas. Ellas y tantos otros son estímulo en nuestro camino. Vayamos adelante con la ayuda de Dios y la colaboración de todos. El Señor se vale de nosotros para que su luz llegue a todos los rincones de la tierra.
Les ruego que recen por mí, y los bendigo de corazón.

jueves, 18 de junio de 2015

CARTA ENCÍCLICA

CARTA ENCÍCLICA
LAUDATO SI’
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»[1].
2. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura
Para leer mas sobre la Carta, sigue este enlace.
Son 84 Páginas en total.)

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿QUÉ DEBEMOS HACER EN EL TIEMPO DE CUARESMA?

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. 

La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. 
El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne.
 Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
Pero también nuestra abstinencia debería ser todos los días de nuestra vida de lo siguiente:
-No maldecir

-No quejarte de lo que tienes o no tienes
-No te quejes del tiempo, la lluvia, la nieve, el calor, el frio, etc.
-No critiques a tus hermanos o vecinos
-No hablemos mal de los demás, las calumnias, los chismes
-No guardemos odios en nuestro corazón

Hermanos, llenemos nuestra vida con el AMOR de Cristo, ese Dios Hijo muerto y resucitado por nosotros, unos pobres pecadores.


La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. 

Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. 
Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. 
Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Debemos evitar todos los días de nuestras vidas:
La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

El desorden: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. 

Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. 

La oración es conformarnos con Él, nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. 
Por eso no necesitamos decirle muchas cosas.
La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.


El sacrificio

Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. 

Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. 
Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. 
“Cuando ayunen no aparezcan tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan, en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tú cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto: y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mt 6,6)



miércoles, 31 de diciembre de 2014

3 Reyes Magos

Fiesta de los Tres Santos Reyes

Enero 6, 2015
Esta época de fiestas que estamos celebrando se mueve entre dos acontecimientos importantes 
en la vida de los cristianos.
Uno es la conmemoración y actualización del nacimiento 
de Jesús en un pequeño pueblo de la Judea
Es la Navidad.
El otro es la celebración de la llamada Fiesta de los Reyes 
Magos, la Epifanía o Manifestación.
En esta última recordamos la ofrenda de dones y de respeto 
por parte de unos extraños individuos que, 
atraídos por una serie de signos, se acercaron ante la
 cuna de Jesús en Belén. Es la Fiesta de los 
Tres Santos Reyes, también llamados magos.
Los relatos del Evangelio en torno a estos individuos y a esta festividad son escasos y sobrios. Tan sólo el Evangelio de San Mateo nos habla de estos personajes, de los cuales afirma que eran unos sabios de Oriente, quienes se presentaron en Jerusalén preguntando acerca del Rey de los Judíos, cuya estrella habían visto y deseaban ofrecerle su respeto y sus regalos.
La sorpresa causada entre los habitantes de la ciudad capital fue grande al ver tal caravana y con tal finalidad: rendir vasallaje al recién nacido Rey de los Judíos.
De todos es conocido el interés, las intrigas, los recelos desarrollados por Herodes el Grande y sus secuaces. La presentación en el Palacio, la búsqueda del niño y, finalmente, la vuelta a sus países de origen, dan excusa a Herodes, una vez descubierto el engaño, a desatar una terrible matanza en Belén y alrededores, cosa por otro lado bastante frecuente en la intrigante vida del monarca idumeo.
La forma sobria y escueta con que Mateo nos presenta la presencia de estos personajes nos plantea una serie de preguntas que, a lo largo de la historia, se han intentado resolver, acudiendo la mayoría de las veces a la fantasía.
¿Cuántos eran? El relato de San Mateo no nos indica el número. Por el tipo de ofrendas que le hacen- oro, incienso y mirra- se ha llegado a la conclusión de que eran tres. Sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar.
Tales nombres aparecen por primera vez en documento escrito a principios del siglo VI de nuestra era en una obra, de autor anónimo, llamada Excerpta Latina Barbari.
Posteriormente, Beda el Venerable, una de las figuras más importantes en la historia del cristianismo en Inglaterra, y también una de la más destacadas de la incipiente Edad Media, en su obra Comentarios acerca del Evangelio de San Mateo, expresa la idea de que estos tres personajes representaban a los tres continentes conocidos hasta el momento. Llega incluso a la afirmación de que son descendientes de Sem, Cam y Jafeth, los tres hijos del personaje bíblico Noé, el del diluvio.
En las tradiciones de origen oriental estos personajes reciben otros nombres. En el llamado Libro de Adam, evangelio apócrifo de origen etíope, los nombres son: Hor, rey de los persas; Basanater, rey de Saba y, finalmente, Karsudan, rey del Este. En las tradiciones sirias y armenias el número de los Reyes se sitúa en doce.
El lugar de procedencia es igualmente un misterio.
Podemos deducir, en base al sobrio relato evangélico, que procedían de Oriente, y su lugar de origen estaba en la Península Arábiga, lugar donde floreció una cultura de gran riqueza, tanto material como intelectual, y que apenas es conocida entre nosotros.
Finalmente, la pregunta en torno a la naturaleza de estos personajes siempre ha llevado un poco a la confusión.
La palabra mago no denota necesariamente rey, sino experto en cuestiones de astronomía y astrología, con lo que podemos deducir que estos personajes eran más bien expertos en cuestiones esotéricas y astrológicas que gobernantes.
Pensemos que hasta muy entrado el Renacimiento la Astrología era considerada como una ciencia exacta y digna del mayor respeto.
En nuestro mundo hispano esta festividad ocupa un lugar especial. Desde los primeros momentos de la llegada de la fe cristiana al continente americano se ha venido celebrando la Fiesta de los Tres Santos Reyes.
En memoria de aquellos presentes de Oro- símbolo de la realeza- Incienso- símbolo de la divinidad- y Mirra- de la Humanidad, se ha quedado entre nosotros ofrecer regalos en esta fecha.
Es la fiesta de los niños, del recuerdo del buen comportamiento, de tantas cosas que nos hacen volver a ser niños.
Y al fin y al cabo, la Navidad es la fiesta de un Dios hecho Niño.
No nos olvidemos de poner nuestra hierbita en la noche antes del 6 de enero.

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viernes, 19 de diciembre de 2014

La Navidad: ERES TU!!!

La Navidad suele ser una fiesta ruidosa: nos vendría bien un poco de silencio, para oír "La voz del Amor."

Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma.
El pino de Navidad eres tú, cuando resistes vigoroso a los vientos y dificultades de la vida.
Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida.
La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir.
Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, alegría y la generosidad.
Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor.
La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor.
Eres también los reyes Magos, cuando das lo mejor que tienes sin importar a quien.
La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti.

El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano.
La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos.
La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y reestableces la paz, aun cuando sufras.
La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado.
Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones; tú eres sonrisa confianza y de ternura, en la paz interior de una Navidad perenne que establece el Reino dentro de ti. 
Una muy Feliz Navidad para todos los que se parecen a la Navidad.
Padre Tomas Del Valle-Reyes


Cuento de Navidad: Pepe el Carpintero

Autor: Padre Tomás Del Valle-Reyes
El pueblo donde Pepe vivía no era precisamente un lugar divertido.

Apenas media docena de casas diseminadas en las faldas de una montaña. 
Cada una tenía un pequeño jardín donde se acumulaban gallinas, alguna oveja, chiquillos gritando y jugando. 
Era un pueblo donde no pasaba nada.
El abuelo de Pepe le había iniciado en las destrezas de la albañilería, el trabajo en madera y la herrería. 
De todo había que saber por si surgía alguna chapuza. 
Bien es verdad que en la vecindad había una ciudad romana donde se habían dado unos enfrentamientos entre insurgentes y fuerzas de ocupación. 
Los resultados fueron desastrosos para ambas partes. 
La ciudad fue destruida y la sangre rebelde empapó inútilmente la tierra.
Pasados los enfrentamientos, se reconstruyó la ciudad. 
Eso llevó a la contratación de mano de obra especializada. 
Y Pepe pudo conseguir un trabajo más o menos estable que le permitió ayudar a la familia y, sobre todo, salir del pueblo.
De domingo a jueves la jornada era agotadora. 
Era un largo de camino. A ello se añadía el trabajo. 
Total, que los fines de semana los dedicaba a descansar y a cumplir con la Ley de Dios, algo que había visto desde niño en la familia.
Ya estaba entrando en edad de buscar una mujer para hacer pareja y formar una familia. 
Los ahorros de sus trabajos esporádicos en el pueblo más lo acumulado en la reconstrucción de Séforis le permitía mirar el futuro con optimismo.
Había varias muchachas en el pueblo en edad casadera. 
Y, a no dudarlo, le había echado el ojo a alguna de ellas. 
En las conversaciones con su padre salió en más de una ocasión el tema. 
Era tiempo ya de ir pensando en una familia. 
Y que fuera numerosa. 
Padre e hijo se pusieron a la tarea de buscar y escoger. 
El padre tendría la última palabra. 
Se encargaría de hacer el contrato con el futuro suegro de su hijo.
Después de ojear y conocer lo que había, se decidieron por una tal María. Se veía buena persona. 
De constitución fuerte y capaz de ser buena madre. Era hija única de una familia que tenía lazos con la tribu de Levi. 
Un familiar lejano, de nombre Zacarías, esposo de Isabel, su prima mayor, era sacerdote en el templo de Jerusalén. 
Sería un buen partido.
Según lo acordado por las leyes vigentes el padre de Pepe se entrevistó con el padre de María. 
Acordaron el matrimonio para el año siguiente. 
Se celebró una gran fiesta para el anuncio. 
Todo el pueblo se alegró y participó. 
La verdad que la vida era tan aburrida que un simple compromiso era motivo de celebración.
Allí nunca ocurría nada.
Un jueves al regresar Pepe del trabajo preguntó por María.
Le dijeron que había tenido que ir a visitar a una vieja prima que, según rumores, estaba embarazada. 
Le extrañó que se hubiera ausentado sin avisarle. 
Al día siguiente buscaría más información. 
En ese momento lo que le pedía el cuerpo era descansar.

Pasaron varios meses. 
Era tanto el trabajo que cuando regresaba a la aldea era a descansar y dormir. 
Un sábado al salir del culto un vecino le saludó con cierto tono e ironía y le preguntó por su prometida. 
No sabía que había vuelto. 
Fue a la casa a buscarla. Su sorpresa fue grande. 
Aquella hermosa joven, alegre, habladora, le miró fijamente. 
Se quedó pasmado. 
La mujer con quien soñaba, la futura madre de sus hijos, la joven de largo cabello negro, tez morena, estaba embarazada. 
Y por el tamaño del vientre de unos 4 meses. 
El mismo tiempo que no se veían.
El silencio fue la única respuesta. 
La miró profundamente a los ojos y se alejó con ánimo de no volverla a ver.
Todo aquello quería que hubiera sido una pesadilla de la cual se despertaría al día siguiente. 
No podía ser que su María lo hubiera engañado. 
Se fue a caminar solo por entre los olivos del pueblo. 
No quería hablar con nadie. Entrada la noche volvió a la casa. 
No quería que le vieran los ojos hinchados de tanto llorar. 
Se fue a dormir al pajar argumentando que hacía mucho calor en la casa y prefería el fresco de la noche.
Tardó mucho en dormir. 
Al amanecer, con el canto de los gallos, empezó a desperezarse. 
Se sentía más tranquilo. 
Se lavó la cara con el agua del cubo que había junto al aljibe. 
Besó a su madre que salía al patio a echar de comer a las gallinas. 
En el horno encontró unos pedazos de pan y un cuenco con leche de cabra recién hervida. Tranquilamente comió y salió decidido a encontrarse con el rabino para que anulara el contrato de compromiso de matrimonio. Se iría del pueblo. 
Quizás en Séforis encontraría un lugar para vivir. 
El caso era alejarse y olvidarse de María. 
No iba a ser agradable el estar en boca de todo el pueblo.
Cuando iba caminando hacia la sinagoga se encontró con un muchacho. 
No pasaría de los diez o doce años. 
Nunca lo había visto. Vio que se dirigía hacia él con decisión. 
Cuando estaban frente a frente le miró fijamente a los ojos, con una mirada que nunca jamás olvidaría, y serenamente le dijo: “Pepe, no temas, María no te ha engañado. Acuérdate de las Escrituras. No la rechaces” 
Dicho esto aquel extraño muchacho desapareció. 
Pepe tardó varios minutos en reaccionar. 
Tenía su cabeza hecha un lío y no sabía exactamente lo que estaba pasando.
Tuvo que sentarse a la vera del camino. 
Después de un rato se levantó lentamente y se puso a caminar sin rumbo fijo. Terminó frente a la casa de María. 
Ella volvía en ese momento del pozo de la aldea. 
Cargaba un pesado cántaro. 
Se acercó lentamente a ella y le tomó el cántaro depositándolo en el suelo. 
Luego la agarró de las manos y, mirándola profundamente a los ojos, se abrazaron. ¿Cuánto duró el abrazo? No sabemos. 
Lo que sí sabemos que aquello fue un empezar que nunca tuvo fin.
La vida siguió su ritmo. 
Los romanos seguían fastidiando la vida. Ahora había que llenar el censo. 
Y Pepe era de apellido David, por tanto tenía que ir al pueblo de sus ancestros, allá en las montañas de Judá. 
Menos mal que tenía unos ahorros y pudo comprar un buen burro para hacer el camino. 
Y María iría con él a las buenas o las malas, no estaba dispuesto a dejarla sola un día más. 
Y nada, a tirar para adelante. Menos mal que les tocó buen tiempo e hicieron buen camino, aunque se perdieron varias veces.
Al llegar al pueblo de David no encontraron un miserable cuarto en las posadas.
Lo poco que había estaba completamente lleno. 
Gracias a un paisano lejano logró en la parte alta de de pueblo un espacio en una de las cuevas de la casa.
Lo solían utilizar para refugio de las ovejas en invierno, pero como era primavera estaba vacío y, dadas las circunstancias, servía perfectamente. Hambre no tenían mucha, pero sueño sí. Cayeron rendidos.
A medianoche María empezó a revolverse en el jergón de paja y a gemir. 
Pepe se despertó y, para sorpresa suya, estaba húmeda la paja. 
María había roto aguas y estaban solos. 
Y la verdad él sabía de maderas, clavos y piedras, pero en eso de asistir a un parto no sabía gran cosa. Salió a buscar agua y auxilio. 
Recordaba que en las alforjas María había puesto unos paños y fue a buscarlos. 
Cuando regresó se quedó pasmado. 
María estaba semiacostada y tenía entre sus brazos un hermoso bebe que no paraba de llorar. 
Como pudo lo lavó y lo calmó un poco. Nunca había visto tan hermosa a su mujer.
Aquel nacimiento le cambió la vida por completo. 
No pensaba que el ser padre iba a ser tan complicado pero a la vez tan lindo.
Pepe hizo suyo aquel hijo y nunca abandonó a María. 
Fue el protector de ambos para siempre.