Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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viernes, 25 de mayo de 2007

LOS RETOS DE APARECIDA

El viaje de Benedicto XVI a nuestra América ha pasado un poco con más pena que gloria. No hubo las grandes y multitudinarias manifestaciones a que nos tenía acostumbrado Juan Pablo II. Pudimos ver al anciano profesor con mirada tímida e inquisidora dirigirse tanto a los jóvenes como a los líderes de todo el continente.

Y parece que se está estableciendo una costumbre que sus viajes son polémicos no tanto por lo que hace como por lo que dice o se interpreta que dijo. El viaje a Ratisbona nos trajo la polémica con la comunidad musulmana. El discurso de apertura de la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunido en el Santuario de Aparecida contiene unos párrafos que han traído de nuevo la polémica, la tergiversación y el griterío.
La Iglesia en América Latina representa en Aparecida a un mundo donde el Jesús en que cree es Judío. El idioma que habla, Ibérico. El dinero, norteamericano. La pizza, italiana. Los carros, japoneses. Las computadoras, chinas. El café, brasileño. El azúcar dominicana. La heroína, afgana. El recogedor de lechugas, emigrante sin papeles. Las telenovelas, mexicanas. La gasolina, venezolana. El terrorista, sin patria .El afroamericano y el nativo, discriminados. El gay y la lesbiana, condenados. El preso, ignorado. El pobre, combatiente en Irak.

Benedicto XVI se ha dirigido a una América en profunda transformación y en el cruce de diversas encrucijadas. Su discurso magistral ha puesto las pautas por donde los líderes de la Comunidad Católica deben enfrentar los retos del nuevo milenio. No es la América de la década de los setenta que vivió la crisis del petróleo, con los precios disparándose, y el surgimiento de los “petrodólares”, que los bancos occidentales captaron y transformaron en préstamos fáciles y abundantes para nuestros países. Esto nos llevó a la crisis de la deuda externa, la cual ha marcado la vida latinoamericana. El final de los ochenta nos trajo la crisis del socialismo, con la caída del muro de Berlín en 1989, símbolo de las grandes transformaciones políticas en la Europa Oriental, que condujeron al desmoronamiento y a la transformación de muchas utopías presentes entre nosotros.

La década de los noventa dio a luz a la globalización, proclamando privatizaciones, la renuncia al Estado de Bienestar, el abandono definitivo de las utopías colectivas, la desregulación del Estado, la exacerbación del éxito individual y del poder financiero, la apertura indiscriminada de los mercados. Venía con la pretensión de ser la solución definitiva para los problemas del desarrollo, la “verdad única” que iría a conducir la historia hacia adelante, sin contestaciones. Nos trajo a nuestra América los Tratados de Libre Comercio, la potenciación de los Mercados del Sur, las Alianzas Comerciales para enfrentarse a las potencias económicas emergentes. También nos ha traído las barreras protectoras, las invasiones culturales y comerciales, la destrucción de muchos valores familiares y culturales.

La superación de las encrucijadas actuales, producidas en las cloacas de la crisis de civilización que ahora vivimos, no se dará tanto por modificaciones de las estructuras sino por el reencuentro en profundidad con los valores trascendentes y con el ser humano integral, marcado por una fe en lo sobrenatural. Y eso es compromiso de todos. “Discípulo y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en El tengan vida” es el lema y el reto de esta Conferencia.
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