Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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viernes, 6 de julio de 2007

SE HACE CAMINO AL ANDAR


Jerusalén, jueves 5 de julio
En estos momentos estoy en Jerusalén y viendo lo que ocurre en la ciudad y sus alrededores y lo que observo me desconcierta. Estoy acostumbrado a ver los informes y las noticias que aparecen en los diversos medios de comunicación occidentales sobre la realidad palestino-israelí: por un lado presentan al ciudadano judío oprimido por hordas de musulmanes fanáticos que desean echarlo al mar. Un explotador implacable y dictador de las minorías árabes. Usurpador de terrenos que no le corresponden, fanático religioso. Por lado presentan al ciudadano palestino, como un eterno refugiado, rechazado por los judíos, humillado, eterno sufriente y ponedor de bombas, aprendiz de terrorista, fanático dispuesto a volar por los aires llevándose por delante la vida de quien sea.

Esos estereotipos nos los repiten hasta la saciedad todos los medios de comunicación. Se podría pensar que el dicho atribuido a Goebbels sea cierto: “Miente. Miente mucho, pero miente de tal manera que al final parezca verdad”
Estoy viendo que estos modelos que se nos han vendido no existen. Y digo esto cuando veo y constato después de conversar con personas de ambos grupos las cosas como se están desarrollando en la vida cotidiana. Veo y observo entendimientos si no perfectos, sí con el deseo y la mejor buena voluntad de que, al menos, puedan vivir en paz y normalidad.


El ciudadano israelí está cansado de miedos, de inseguridades, de fanatismos de cualquier tipo y lo único que anhela es poder vivir en paz en esta tierra de sus antepasados, la cual ha logrado convertir en un lugar habitable y donde desea que sus hijos crezcan en paz y armonía y donde no se le discrimine por sus creencias como se ha hecho en los últimos dos mil años. Por eso ha luchado y ha levantado su patria. Jerusalén, dos mil años después ha dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad.
El ciudadano palestino está también cansado de tanta violencia, de tanto desprecio, de tanto de cómo han jugado con él. Esta es su tierra también, en la cual ha vivido por cientos de años. De repente llegaron extraños a compartir con ellos. Y sus hermanos árabes de la zona, no han ayudado a los palestinos a vivir la nueva realidad surgida en su tierra, y lo más triste, han jugado con ellos.


Se sienten abandonados, deprimidos, solos y, sobre todo, manipulados por líderes inescrupulosos, víctimas de burocracias y bandas ineficientes y corruptas. Ellos también desean la paz, desean vivir en armonía con sus vecinos, desean ver crecer a sus hijos con ilusión y esperanza. Desean que la tierra de sus antepasados la puedan compartir entre todos.
Ambos pueblos sienten en su historia reciente que demasiada sangre se ha derramado y es hora de pasar al diálogo, al reconocimiento mutuo, al respeto mutuo. Sigue teniendo actualidad las palabras de Golda Meir: “Judíos y Árabes estamos condenados a entendernos”.

Todo parece oscuro, difícil, sin solución. Sin embargo, para el ciudadano común y corriente, a pesar de todo, algo se mueve hacia la paz y la comprensión mutua.
Ambos pueblos necesitan sobre todo el sentir que no están solos. Necesitan el sentir que alguien común y corriente, como usted y como yo, hace el camino hacia la paz junto a ellos.
columnadelpadretomas.blogspot.com
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