Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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sábado, 16 de enero de 2016

¿QUIÉN ES LA VIRGEN MARIA? Part 1 de 4

Establecida la existencia de la 
«teología popular» —subyacente espontánea e 
irreflejamente al catolicismo popular y a la 
religiosidad o piedad popular—, antes de intentar 
diseñar la  teología mariana precientífica del catolicismo 
popular latinoamericano, es necesario caer en la 
cuenta de la complejidad que encierra el término tan 
sencillo «la Virgen María», para podernos preguntar 
posteriormente a qué María se refiere nuestro pueblo 
cuando le expresa su devoción y su fe.
Podemos distinguir cuatro aspectos 
en la «Virgen María»:
1. La María de la historia,
2. La María de la fe pascual neotestamentaria,
3. La María de la Iglesia magisterial y científica —definida 
por actos del magisterio, y reflexionada por los teólogos—,
y
4. La María de la piedad de la Iglesia y de las Iglesias Particulares,
 que se abre en un inmenso abanico de denominaciones e historias 
diversificadas en casi todos los lugares del mundo.
La María de la Historia
María queda incorporada a la fe de la Iglesia por un 
hecho histórico sencillo y fundamental: por ser la madre de Jesús, 
la madre del Jesús de la historia, como se dice 
actualmente en las nuevas reflexiones exegéticas y teológicas. 
A ella alude.
5. Pablo en un conocido e importante texto (Gal. 4, 4), 
aunque curiosamente sin designarla por su nombre, 
a pesar de que parece conocer por sus nombres 
a la familia y a los «hermanos de Jesús»
(1 Cor. 9, 5; Gal. 1,19).
Los datos consignados en los Evangelios y en los 
Hechos de los Apóstoles son elementales y coherentes con 
el conjunto de la vida de Jesús:
• Es una mujer israelita, domiciliada en Nazaret y casada con un hombre
 llamado José
(Mc. 6, 1-4; Lc. 4,16-22).
• Se habla de sus parientes, en repetidas ocasiones; se la reconoce como 
la madre de Jesús, pero llamativamente se subraya que José no 
era el padre natural de Jesús,  no obstante las suspicacias sociales 
que podían suscitarse ante esta afirmación 
(Mt. 1, 18-19).
El sector social al que pertenecía queda bien definido 
tanto por el lugar ordinario de su residencia —Nazaret—, 
como por el oficio del propio Jesús —tékton—, 
lo que en su día les hará decir a los vecinos del pueblo:
«¿Qué saber le han enseñado a éste, para que tales
 milagros le salgan de las manos?» 
(Mc. 6, 2).
• María era una mujer de muy modesta condición, 
perteneciente al ambiente popular de su época.
Dentro de esa modestia social, aparece 
encuadrada tanto en el sistema político como en el socio-cultural 
de los tiempos de Jesús. 
Así:
• se muestra cumpliendo las leyes imperiales (Lc. 2,1-5) y,
• como buena israelita, se desposa (Lc. 1,27; Mt. 1. 18),
• circuncida al niño al Octavo día (Lc. 2, 21),
• lo presenta en el templo con la oblación de los pobres 
(Lc. 2, 22-24),
• peregrina con su familia a Jerusalén con ocasión de las fiestas de la Pascua 
(Lc. 2, 41).
En el Evangelio se transparenta un cierto desconcierto 
de la María histórica frente a su hijo. 
Es un desconcierto que parece haberse iniciado 
en la misma infancia, dado que, como atestigua Lucas, 
con ocasión del acontecimiento en el templo, los padres 
«no comprendieron lo que quería decir (Jesús) (...). 
Su madre conservaba en su interior el recuerdo de 
todo aquello» 
(Lc. 2, 50-52).
Durante los años de la vida pública, 
María se encontraba en medio de una familia, la familia de Jesús, 
que no entendía el nuevo camino emprendido por él, tanto que
intentaban los parientes echarle mano «porque decían que no estaba en sus cabales» 
(Mc. 3,20-21. 31-35; Jn. 7, 3-5). 
María aparece silenciosa, acompañando a los parientes en la búsqueda de Jesús.
El Evangelio de Juan ha dejado el testimonio de que María, la madre de Jesús, 
acompañó a su hijo en su agonía y en su muerte al pie de la cruz 
(Jn. 19, 25).
Un último recuerdo de la María histórica ha quedado 
recogido en las 
Actas de los Apóstoles:
la convivencia de María con los discípulos de Jesús, 
inmediatamente después de su muerte:
«Todos ellos se dedicaban a la oración en común, 
junto con algunas mujeres, además de María 
la madre de Jesús y sus parientes» 
(Act. 1, 14). 
Ahí terminan los datos biográficos de María, 
de la María histórica. 
Datos sencillos, sobrios, coherentes, 
alejados de toda insinceridad.

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