Columna del Padre Tomás



En la antigüedad se solían marcar los caminos con postes o pequeñas columnas. Eran los puntos de referencia para ir haciendo camino. A veces también se usaban las columnas para recordar hechos, personas, acontecimientos a no olvidar.

Las columnas del Padre Tomás del Valle son un poco ambas cosas. Piedras que marcan el camino que se va haciendo cada día, sin rutas, sin marcas. Y también Columnas que recuerdan hechos, personas, acontecimientos. En ambos casos no es otra cosa que un intento de trazar caminos en la aldea global.

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viernes, 19 de marzo de 2010

VIDAS ROTAS

A lo largo de la historia se han buscado fórmulas para un "Mundo Feliz" Desde Agustín a la Utopía de Tomás Moro o el paraíso del proletariado auspiciado y profetizado por Carlos Marx y compañía, se han hecho grandes esfuerzos por lograr ese sueño. Por primera vez en la historia de la Humanidad tenemos una visión de conjunto, un modelo de vida globalizado y globalizante. Hemos dejado de ser naciones para convertirnos en aldea global. Se ha tocado un poco con los dedos ese mundo feliz.
Pero ese mundo feliz que hemos intentado construido proyecta muchas sombras.
La edad de sobrevivencia ha crecido hasta los 78-80 años. Sin embargo, ciertos informes de la Organización Mundial de la Salud están empezando a sembrar dudas y encender alarmas. Ese mundo feliz que hemos soñamos e intentado crear, presenta la depresión como la segunda causa de incapacidad, dando como resultado un promedio de 1 millón de suicidios anuales. Esto significa que en bastantes países es mayor el número de muertes causadas por la interrupción voluntaria de la vida que por accidentes de tráfico y muertes violentas.
La pregunta es obvia: por qué estas muertes, estas vidas rotas. Psiquiatras, sociólogos, políticos y líderes religiosos hacen sus análisis y proyecciones.
La sociedad actual es hija de la Ilustración y de la Revolución Francesa. El mundo nacido de ambas se ha fundamentado en cuatro pilares: Subjetivismo, Relativismo, Individualismo y Materialismo. Estos cuatro pilares son la base sobre la que se ha construido nuestra sociedad globalizada, y de las que de una forma u otra se nutren las corrientes políticas e ideológicas actuales.
El pensador y filósofo Gabriel Marcel presenta el Individualismo como lo contrario a la propia idea de "persona", relegando al ser humano a una entidad insolidaria y egocéntrica respecto a su cultura e historia. El Subjetivismo no sería otra cosa que la opinión caprichosa de cada persona, generada en base a las necesidades más primarias y elementales, siendo el Relativismo el que priva al ser humano de la posibilidad de conocer la verdad, incluso de la idea de que pueda darse la existencia de algo verdadero. Concluye afirmando que el Materialismo es la negación de la existencia del espíritu y, por tanto, de una vida más allá de este mundo, refiriendo todo a esta vida, en la cual lo importante y primordial es el éxito, el dinero, el tener, el poder, el ser más importante que los demás. Las consecuencias son demoledoras. La vida transcurre sin sentido. Se va pasando o matando el tiempo, algo que a la postre nadie soporta. Ante este panorama no es de extrañar el aumento de las depresiones y suicidios.
Este cáncer silencioso que va matando lo mejor de nuestra sociedad no entra en los planes de política sanitaria de los gobiernos. Mientras se emplean miles de millones en la prevención del terrorismo (¿cuántas personas mueren al año víctimas del mismo?) en las campañas de seguridad en las carreteras, en las vacunaciones contra la gripe porcina, en la educación sexual, ¿cuánto dinero se invierte en educar sobre los valores, la solidaridad, el respeto a la propia vida?.
El suicidio es el cáncer colectivo que carcome la sociedad globalizada y que nos negamos a aceptar y hablar de él.

Tertuliasiglo21@aol.com

2 comentarios:

Lorena dijo...

Es una realidad hace 15 días se suicidó un joven de 16 años en una comunidad de yucatán sin motivos contundentes al parecer, pero debe ser más allá de problemas economicos como lo mencionó en una carta que dejó.

Saludos Padre

Anónimo dijo...

Estimado Padre Tomás: Es muy cierto lo expresado. Lamentablemente es así. El mundo sigue pensando en guerras, parece que no es suficiente todos los caídos en campos de batalla o mutilados física y mentalmente para obligar a los representantes de todos los estados en las comunidades internacionales. Por otra parte si nos remitimos a las sociedades de los distintos países, y en particular me ubico en la Argentina, sociedad muy especial y particular, donde parece que hubiera triunfado el individualismo, donde no se recuerda que el derecho de cada uno termina donde comienza el de los demás, donde se ha nivelado la educación hacia abajo -situación creada por mandatarios- ante la cual los mandantes que somos la mayoría, el grueso permaneció callado y permitió que el desguase del país le llegara al cerebro, muchas familias sin hacerse cargo que hace varios años los hijos adolescentes los fines de semana se embriagan, y todo es culpa del otro. Proclives, en general, a poner las culpas afuera sin hacerse cargo del compromiso y la responsabilidad de conducirlos a ser hombres y mujeres de bien, consustanciados con valores, los cuales también están jerarquizados por distintos principios religiosos. Recién, debilmente es como que la sociedad está tomando nota de lo que pasó y sigue pasando. Desde mi percepción hace falta un volver a las fuentes, a lo que se "mamó desde el hogar", volver a recomponer el vínculo familia y escuela, donde desde niños hasta adolescentes y jóvenes deben concurrir a recibir instrucción, formación, sociabilizarse, reconocer en cada uno de los compañeros a otro ser humano, tan valioso como cualquier otro y si quiere recibir respeto debe comenzar por respetar. Estoy convencida que uno de los espacios como el suyo contribuyen mucho para lograr el cambio de "Vidas Rotas", a Vidas plenas, vidas enriquecidas por el amor, la solidaridad, la esperanza, la felicidad que nos provoca la llegada de un niño a la familia, la unidad y la espiritualidad. Que Dios lo bendiga Padre y mil gracias por todo lo que nos brinda. Un abrazo,

Sarita Vigna